Te cuento mi historia...

coach profesional

De pequeña era una niña muy delgadita, de las que comen y comen y no engordan, pero cuando cumplí los trece años ese privilegio de comer sin engordar se acabó.

Empecé a engordar sin darme cuenta.

Hasta que un día en el colegio empezaron a meterse conmigo, más bien con una parte de mi cuerpo en concreto, mis piernas…

Era la parte de mí que más había cambiado, la que había engordado.

Al principio no me lo tomé como algo tan horrible, hasta que las burlas comenzaron a ser continuas, incluso me llegaron a poner un mote que a día de hoy me sigue costando decir en voz alta…

En mi colegio teníamos que ir con falda, pero era tal la inseguridad y la vergüenza que me daba enseñar mis piernas que le hacía a mi hacer hacerme un justificante para poder ir en chándal.

Recuerdo que intentaba ponerme mala para evitar ir al colegio. Un día me puse bajo la lluvia en invierno para ver si así cogía un resfriado, pero no fue posible.

Un día decidí contarle a mi madre lo que me pasaba u cambiarme de instituto. La verdad que fue muy comprensiva y me cambió para el curso siguiente.

A pesar de haber cambiado de instituto me sentía muy insegura.

Empecé a obsesionarme con lo que comía y en que tenía que hacer ejercicio.

Si alguna vez mi madre hacía comidas grasientas yo decía que tenía mal la tripa o escondía la comida… 

No llegué nunca a dejar de comer, pero no puedo negar que tenía una gran obsesión con la comida y el ejercicio.

Yo quería tener las piernas de Jennifer Anniston. 

Me hice tratamientos estéticos como la mesoterapia y la presoterapia.

Con una dieta muy restrictiva llegué a pesar 48 kilos, pero yo seguía sin verme realmente como quería…Quería más y más…

Cuando salíamos con amigos yo me sentía muy insegura, sobretodo si las chicas del grupo eran más delgadas que yo…

Me sumí en una obsesión muy oscura, de mirarme al espejo cada día para ver si mis piernas habían adelgazado, de controlar cada gramo de comida, de hacer ejercicio sin tener ganas…hasta que un día me di cuenta de que por mucho que siguiera esforzándome si no empezaba a quererme jamás me vería bien…

Y gracias a ese día empecé a cambiar la forma en la que me hablaba, dejé de mirarme al espejo con odio y comencé un nuevo capítulo en mi vida.

Si tu estás pasando por algo parecido te agradecería que me escribieras contándome tu historia o que agentes una sesión gratis para ayudarte a comenzar otro capítulo en tu vida.

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